David Uzcátegui* Con el paso de los días vamos midiendo el real alcance de lo logrado por la huelga estudiantil. No es poca cosa haber conseguido lo que muchos creían imposible. Un pronunciamiento de la OEA y el interés de la CIDH por la situación de la disidencia democrática venezolana. No puede ser gratuito que más de 160 jóvenes, abandonaran sus hogares y sus aulas de clase para ejercer una medida extrema. El episodio de septiembre de 2009 deja muchas lecciones que los venezolanos debemos asimilar. El país está muy lejos de presenciar con pasiva permisividad cómo el régimen lo desfigura a su antojo. Hay barreras contenedoras del disparate y la infamia; y por más desmovilizada que parezca la ciudadanía, hay abusos que la activan. Si todos remamos hacia un mismo lado, se obtienen resultados. No fue otra cosa lo que sucedió en esos días recientes. Diversos factores de la sociedad se movilizaron, cada quien en su rol, para apuntalar la iniciativa estudiantil. La atención que miles de venezolanos brindaron a los hechos fue crucial. Y sobretodo, recordar que nuestros valores están ahí. Como colectivo, como sociedad, se nos muestra que el hogar, la escuela y la iglesia, que el gobierno necesita desmembrar con urgencia, han sembrado suficientes anticuerpos para luchar contra la arbitrariedad. Pero lo que es mejor, lo han sembrado en la actual generación veinteañera, la misma que ha vivido la mitad de su existencia a la sombra de un régimen que pretende uniformar el pensamiento y amputar el sentimiento; por suerte con mediocres resultados. Mientras, de este lado de la democracia, celebramos que un colectivo que recién pisa la vida pública, haya sido el encargado de proclamar ante el mundo la desnudez del Emperador. *Presidente del Concejo Municipal de Baruta |