La compra de armas por parte de Venezuela a Rusia, ha trascendido la agitada realidad de nuestro país para convertirse en un tema de debate internacional. Las razones para preocuparse, tanto aquí como en otras naciones, son muchas y reales. En primer lugar, se sigue engrosando la lista de gastos sin control y sin sentido por parte del Ejecutivo nacional; sin control alguno por parte de ningún poder. Se continúa restando dinero a educación –que bastante necesita, como hemos visto en estos días-, salud y seguridad, para inyectarlo a gastos que no se traducen en bienestar para el ciudadano. Inquietan las armas en manos de un gobernante que no mide si vocabulario belicista Luego, son inquietantes estas armas en manos de un gobernante que no mide su vocabulario belicista, sus amenazas a terceros y sus metáforas guerreristas. Y más inquietud produce cuando sabemos que muchos de sus seguidores se toman las palabras al pie de la letra. Algo muy peligroso cuando se dispone de armas de guerra en lugar de palos y piedras. Por otro lado, la excusa esgrimida para las compras –la presencia de militares estadounidenses en bases colombianas-, nos coloca en una inútil tensión con el país vecino y hermano. Más allá de los lazos históricos y afectivos, el comercio entre ambas naciones es dinámico y provechoso para ambas partes. Sean cuales sean los oscuros motivos que mueven al chavismo a confrontarnos con Colombia, el daño a nuestro bienestar es enorme, y siempre deberá ser echado hacia atrás, porque los vínculos tradicionales prevalecerán por encima. Queden, pues, estas inquietudes en manos del ciudadano de a pie, que se pregunta por qué no mejora su calidad de vida, si no hay recursos para lograr este propósito y en caso de que existan, a dónde van a parar. Y peor aún, cuánto más se puede deteriora nuestra cotidianidad en manos de unos gobernantes que no solamente han tenido la palabra guerra en la boca de forma permanente durante la última década: para colmo de males, compran armas. *Concejal de Baruta |